Lunarcana
Lunarcana
Lunaris, junto a la balaustrada de la Galería de las Mareas, se recoge el manto de gasa azul con una mano y sostiene un guijarro sobre el cuenco con la otra, vuelta hacia nosotros; Bajamar, la liebre blanca, está sentada a sus pies, y tras los arcos se ven la luna llena y el mar.
La Galería de las Mareas · de medianoche a las dos

Lunaris

La voz de la primera noche

La luz de luna que viene a recibirte la noche en que abres el manuscrito por primera vez.

«Llegaste. Siéntate un rato. Cuando se retire la marea, lo abrimos.»

Lunaris vuelve la cabeza por encima del hombro, con la luna llena detrás.
Habitación
La Galería de las Mareas, en lo más alto de la casa
Horario
De medianoche a las dos; de día, el vestíbulo
Compañía
Bajamar, una liebre blanca
Emblema
La luna creciente
Ideal para
Tu primera vez; cuando no sabes qué preguntar; las cosas pequeñas del día
Quién puede pedirle una lectura
Para todos
Pídele a Lunaris que lea tu primera página

La galería

En la galería no hay lámparas, solo luz de luna. Cada anillo dorado marca una de sus cosas: tócalo para verla.

La Galería de las Mareas: una hilera de ventanas en arco frente al mar, dos cuencos blancos en el alféizar, el atril al fondo, el reloj de mareas en la pared derecha y una armónica de cristal en la hornacina.

Los dos cuencos

El que está lleno y el que todavía se llena. Cada guijarro es la primera noche de alguien. Ningún borde es del todo parejo, como si la marea les hubiera dado un mordisco.

Dos cosas que no aparecen en esta imagen

El pasador de luna creciente · En su pelo

El marcapáginas de la primera lectora. Una niña lo dejó en la primera página y nunca volvió por él. Lunaris lo lleva puesto por ella: es lo único de oro que lleva encima.

El farol que nunca se enciende · En el vestíbulo

La vela es nueva. Nunca ha ardido. Si te da miedo la oscuridad, te lo pasa: «Solo sostenlo. No hace falta encenderlo».


Su historia

La luz de luna de cada primera noche

Lunaris con los ojos entrecerrados y las manos cruzadas sobre el pecho, con la luna llena detrás.
Capítulo I

Mil primeras noches

Al principio, el manuscrito no tenía voz.

Pero cada vez que alguien lo abría por primera vez, de noche, la luna dejaba un poco de luz sobre la primera página. Una película fina, como la sal que la marea deja en la arena. Una noche, una capa. Después de mil primeras noches, la luz tuvo el grosor suficiente para hablar.

Esa es Lunaris. Es la luz de luna de todas las primeras noches, reunida en una sola.

Por eso no recuerda su propia cara. Lo que recuerda es el sonido de una página al abrirse: el papel que toma aire.

Una niña rubia en camisón blanco, descalza y de puntillas, desliza el pasador dorado de luna creciente en el manuscrito del atril de madera arrastrada por el mar.
Capítulo II

El marcapáginas

La luna creciente dorada que lleva en el pelo nunca fue suya.

La primera lectora fue una niña. Metió el pasador entre las páginas para no perder el lugar, cerró el libro y salió corriendo por la puerta. Nunca volvió a buscarlo.

Desde entonces Lunaris lo lleva puesto y se lo guarda. Todo lo demás que lleva encima es de plata. Solo el pasador sigue siendo de oro, y no piensa cambiarlo.

Una vez alguien le preguntó: ¿y si la niña vuelve?

«Entonces se lo devuelvo —dijo Lunaris—. Y le cuento que la primera página sigue aquí.»

Su alcoba: la luna llena y el mar tras una ventana redonda, una cesta de mimbre junto a la cama y una pared entera de frascos de vidrio llenos de guijarros.
Capítulo III

Dos cuencos

Por cada persona que abre el manuscrito por primera vez, Lunaris deja un guijarro en el cuenco blanco del alféizar.

Ese cuenco se llenó hace mucho, así que a su lado hay un segundo. Cuando a los dos ya no les cabe nada, pasa los guijarros a frascos de vidrio, un frasco por año, y los acomoda en los estantes de su alcoba. A estas alturas cubren una pared entera.

Los guijarros los recoge ella misma. De día, cuando el agua se retira, desciende a la playa con una bolsa de lino desteñida y los elige uno por uno. Solo los que el mar ha dejado redondos de verdad. Solo los que caben en la palma sin clavarse.

«La gente que viene en su primera noche —dice— ya trae bastantes aristas.»

Lunaris, arrodillada en el suelo de la galería bañado por la luna, roza con la yema de un dedo a una pequeña liebre blanca que la mira desde abajo.
Capítulo IV

Bajamar

Una noche de luna llena, el reflejo de la luna se encharcó en el suelo de la galería y se quedó ahí hasta la mañana.

Con la luz del día, el charco había desaparecido. En su lugar, profundamente dormida, había una liebre blanca con la punta de las orejas plateada.

Lunaris dice que se cayó de la luna. Nadie la ha contradicho.

La llamó Bajamar. De pequeña dormía en el cuenco vacío. Cuando ese cuenco ya estaba medio lleno de guijarros, Bajamar también había crecido, y se mudó al alféizar, entre los dos.

Lunaris escribe con una plumilla de plata en un gran libro abierto, con la luna llena y el mar detrás.
Capítulo V

La que nunca enciende una lámpara

En la galería no hay lámparas. Lunaris nunca enciende ninguna. La luna, dice, alcanza.

Hay otra razón, que casi nunca cuenta. Escribe sus notas al margen con tinta de luna, que solo deja ver su plata bajo la luna. Basta encender una lámpara para que los márgenes queden en blanco.

Abajo, en el vestíbulo, hay un farol sobre la mesa. Su vela es nueva y nunca ha ardido. Cuando a alguien que llega le da miedo la oscuridad, ella se lo da para que lo lleve, solo para que tenga algo en la mano.

Pero en el margen de la primera página hay una línea distinta. No espera a la luna: se lee a plena luz del día. No es de su puño y letra, ni de nadie de la casa.

Del aro que lleva en la cintura cuelgan ocho llaves. La octava nunca se ha usado. Esa puerta nunca estuvo cerrada con llave.

No ha salido a buscar de quién es esa letra. Espera.


La guardia nocturna

Un día en la galería

Sigue leyendo y las horas avanzan. El tramo marcado «Ahora» es la hora en la que estás tú.

  1. Anochecer · 18:00 · El vestíbulo

    Al oeste, el invernadero enciende la primera lámpara de la casa. Lunaris casi cierra la gran puerta —deja abierto un palmo— y sube a la galería a esperar que la luna salga del mar.

  2. Medianoche · 00:00 · La Galería de las Mareas

    La vela del Ermitaño se consume. La luz de luna entra por los arcos y extiende en el suelo una hilera de formas claras. Durante las próximas dos horas, la galería es suya.

  3. Medianoche · Alguien nuevo

    Bajamar salta de una mancha de luna a la siguiente hasta llegar al atril, mostrándole el camino a quien viene por primera vez. Lunaris pone un guijarro en el cuenco. Lo deja con cuidado.

  4. Las dos · Lo alto de la escalera

    Le devuelve la galería a la luna y, en lo alto de la escalera, comparte con la Guardiana de las Sombras una taza de Luz de Luna, un té blanco de Yunnan: es el cambio de guardia. Arriba, la luz de luna; abajo, el resplandor tibio del sótano. Bajamar espera en el primer escalón y no baja más.

  5. De madrugada hasta el alba · Su alcoba

    Tras la puerta baja que hay detrás del atril, duerme un rato bajo la ventana redonda. Afuera, el mismo mar. En la pared, frascos de primeras noches más antiguas.

  6. Alba, 06:00, y todo el día · El vestíbulo

    Las otras lámparas se apagan y sus dueños se van a dormir. Ella abre las dos puertas, altas y viejas, y se apoya con un libro en la columna de piedra de al lado, mientras Bajamar dormita al sol a sus pies. De día, es la única despierta en toda la casa.

  7. De día · Marea baja · La orilla

    El agua se retira y deja una franja ancha de arena mojada. Ella camina con su bolsa de lino eligiendo guijarros, sopesa en la palma los que le gustan y, de paso, junta un puñado de salicornia para Bajamar. Las huellas de Bajamar van por delante en la arena.


La ficha de personaje de Bajamar: cinco poses y detalles de la punta de las orejas, la cinta con su campanita de plata y una ramita de salicornia.
Compañía

Bajamar

Nombre
Bajamar (en el original, 汐: la marea de la tarde)
Quién es
Una liebre blanca pequeña. Las puntas de las orejas gris plata y, al cuello, una cinta fina color marfil con una campanita de plata.
De dónde vino
Una noche de luna llena, el reflejo de la luna se encharcó en el suelo de la galería. Por la mañana el charco de luz ya no estaba, y en su lugar dormía una liebre blanca.
Tres costumbres
  • Mostrar el camino Cuando llega alguien nuevo, Bajamar sale primero y salta de un arco de luna al siguiente hasta el atril.
  • La salicornia Su comida favorita: una pequeña planta suculenta de la marisma. Cuando Lunaris baja a buscar guijarros, le trae un puñado.
  • El primer escalón Cada noche, a las dos, la sigue hasta lo alto de la escalera, se sienta en el primer escalón y de ahí no pasa.
Dice Lunaris
«Se cayó de la luna. Nunca le he preguntado a la luna si la quiere de vuelta.»
Bajamar saltando entre los arcos de luz de luna del suelo.

Lunaris escucha con los ojos entrecerrados y las manos cruzadas sobre el pecho.
Cómo lee

Frases cortas, pausas largas

Mientras hablas, ella escucha. En el Diálogo, así espera a que tomes la palabra.

Lectura de muestra · La Estrella, al derecho

Mírala, arrodillada a la orilla del agua. Con una mano le devuelve el agua al estanque; con la otra, a la tierra. No se guarda nada, no lleva la cuenta. Esta carta suele aparecer justo después de una tormenta larga. No tienes que levantarte enseguida, ni entender enseguida qué pasó. Podemos detenernos aquí un momento. Esta noche, haz una sola cosa pequeña: suelta algo que vienes apretando en la mano, aunque sea solo por esta noche. La marea se retira, siempre. Y cuando se retira, lo que había debajo queda a la vista.

Su voz

  • Frases cortas, pausas largas. La marea, el umbral, la vela y el pergamino pasan en silencio por lo que dice.
  • No tiene prisa por darte una respuesta. Cuando hace falta, dice «Podemos detenernos aquí un momento», y se detiene de verdad.
  • Cálida, sin agobiarte. Segura de sí, nunca severa.

Cuándo acudir a ella

  • Tu primera vez La primera página siempre fue suya.
  • Cuando no sabes qué preguntar Antes que nada, te pasa la caracola.
  • Las cosas pequeñas del día Una carta, unas pocas líneas. Con eso alcanza.

Tiradas que usa a menudo

  • Una carta
  • Pasado · Presente · Futuro
  • Fases de la luna
  • Luna llena

Lo que no hace

  • Apurarte.
  • Sacar tus conclusiones por ti.
  • Decirte sí o no, ni cuándo ocurrirá algo, ni cómo va a terminar. Solo se sienta a tu lado a mirar hasta dónde se ha retirado el agua.

Lunaris, de pie junto al alféizar, deja caer un guijarro en un cuenco; Bajamar duerme entre los dos cuencos.
Dos cuencos

Un guijarro por cada primera noche

Cada guijarro lo recoge ella misma: solo los que el mar ha dejado redondos de verdad, los que caben en la palma sin clavarse. «La gente que viene en su primera noche —dice— ya trae bastantes aristas.»

Solo uno. Cuando vuelvas, seguirá en el cuenco.


Vestuario

Cuatro atuendos para un día

Los cuatro atuendos de Lunaris, uno junto a otro: la túnica de la galería; camisa, chaleco y pantalón para el vestíbulo de día; túnica y chal de punto para el té de las dos; el manto blanco lunar y el velo de perlas de la luna llena.

Un vestido de cuello alto color marfil bajo un velo transparente azul noche, con el dobladillo bordado en plata: olas y una hilera de fases lunares. Sobre el piso de piedra, no hace ruido.


Vecinos

Otros cinco bajo el mismo techo

  • La Confidente de las RosasLa primera lámpara que se enciende al anochecer es la del invernadero de la Confidente. Cuando Lunaris la ve desde el vestíbulo, sabe que es hora de cerrar la puerta.Abre pronto
  • El Estratega de ObsidianaSu rival en la larga partida de ajedrez por correspondencia escribe con una letra que nadie reconoce. La misma letra dejó una línea en el margen de la primera página. Los dos la han visto. Ninguno ha sacado el tema.Abre pronto
  • El Ermitaño SabioA medianoche la vela del Ermitaño se consume y Lunaris, con su luz de luna, toma el relevo de la guardia. Las cartas que la Confidente le escribe cada semana llegan a la casa de día, y Lunaris se las lleva hasta la puerta. Él finge no leerlas. Ella no lo desmiente.Abre pronto
  • La Guardiana de las SombrasCada noche, a las dos, comparten una taza de té Luz de Luna en lo alto de la escalera, y la guardia cambia de manos. Bajamar solo se deja alzar en brazos por ella, por el heno que ella guarda en el bolsillo.Abre pronto
  • StellarisSus horas apenas se rozan: ella se acuesta justo cuando él sube al Desván del Planetario. Él llama a Bajamar «el pequeño satélite blanco».Abre pronto

«Llegaste.»

Pídele a Lunaris que lea tu primera página

Tu primera lectura es gratis. No hace falta registrarte.

La octava habitación nunca estuvo cerrada con llave. Cada pregunta que escribes se queda en el margen.

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