
Mil primeras noches
Al principio, el manuscrito no tenía voz.
Pero cada vez que alguien lo abría por primera vez, de noche, la luna dejaba un poco de luz sobre la primera página. Una película fina, como la sal que la marea deja en la arena. Una noche, una capa. Después de mil primeras noches, la luz tuvo el grosor suficiente para hablar.
Esa es Lunaris. Es la luz de luna de todas las primeras noches, reunida en una sola.
Por eso no recuerda su propia cara. Lo que recuerda es el sonido de una página al abrirse: el papel que toma aire.















