Qué significa el Caballo
A lo largo de la corriente mistérica occidental, el caballo se lee como vehículo de la voluntad. Es el animal noble (la poesía griega y romana lo señalan como el compañero por excelencia del guerrero, del mensajero, del rey) y, al mismo tiempo, el corcel de guerra, el cuerpo que lleva la violencia más allá de donde alcanzan las piernas de un hombre. Su ambivalencia está inscrita en su iconografía: el mismo animal que corona la victoria de un héroe carga su muerte a través del campo de batalla. El caballo tiene temperamento: puede ser exaltado, asustado, empujado o aquietado. Ir a caballo es desplazarse por medio de otra vida, y la relación entre jinete y montura es, por eso, la imagen central que el caballo aporta al vocabulario pictórico de Occidente.
Platón afila esta idea en el Fedro, donde el alma aparece como un auriga que guía un caballo noble y otro indómito: la razón sosteniendo las riendas de dos movimientos contrarios. Las tradiciones hermética y de la Aurora Dorada (Golden Dawn), heredadas por A.E. Waite, leen los cuatro Caballos del tarot como el auriga del Fedro fragmentado en cuatro, uno por elemento, de modo que cada Caballo es un movimiento elemental particular sostenido bajo la disciplina de un jinete. Donde aparece el caballo en el tarot, casi siempre se hace la misma pregunta —¿quién va encima, la voluntad o el animal?— y la responde de distinta manera en cada estampa, según el elemento sobre el que se asienta la silla del jinete.
Cómo aparece el Caballo en la baraja
El caballo asoma tres veces en la baraja Rider-Waite-Smith, una por cada uno de tres de los cuatro elementos. En La Muerte (XIII), el jinete monta un caballo pálido —el chlorós de Smith, esa palidez de enfermedad y crepúsculo— que avanza con paso lento y nivelado bajo un estandarte negro. A.E. Waite lee al jinete no tanto como la muerte cuanto como la puerta en la que una forma termina y otra se levanta por esa misma abertura; el caballo, por tanto, no es un corcel de carga sino un carruaje, un instrumento parejo que no necesita ser apresurado. Es el caballo del elemento espíritu, neutro por diseño.
En el Caballo de Oros (pentacles-12), el equino se mantiene casi inmóvil en un campo arado, la cabeza baja, el peso entero asentado en los cascos. Smith lo pinta pesado y oscuro, como si el cuerpo de la tierra misma se hubiera hecho animal de labor. Es el caballo de la paciencia: la fuerza de este Caballo vive en la lentitud con la que su montura puede tirar del arado, surco a surco. En el Caballo de Bastos (wands-12), el caballo se encabrita en pleno desierto, las patas delanteras suspendidas en el aire a la mitad de un salto. Es el caballo del fuego: ímpetu, partida, ese umbral en el que el jinete debe encontrar dirección dentro de la velocidad, porque la velocidad ya no pide permiso. Leídas en conjunto, las tres cartas trazan los cuatro tiempos elementales sobre un solo animal: el paso parejo del espíritu, el tiro lento de la tierra, el salto del fuego. El Caballo de Copas, el cuarto jinete elemental del esquema de la Aurora Dorada, completa el conjunto sobre su propia montura blanca; aunque nuestro atlas no lo señale aquí, su presencia en el cuarteto del Fedro es el cuarto silencioso que cierra la frase. Búscalo cuando leas los Caballos como serie.
Cartas que portan al Caballo
Tres cartas de la baraja colocan al Caballo dentro de la escena pintada. Pasa el cursor sobre cualquier pin para ver exactamente dónde se sitúa el símbolo en la imagen.
Death
En La Muerte el caballo es pálido y reposado: un instrumento parejo, no un corcel de carga. La muerte no monta una cabalgadura predilecta; usa un carruaje neutro. La lentitud del paso es ya toda la enseñanza: la puerta tiene paciencia.
· Read this card →Knight of Pentacles
En el Caballo de Oros la montura está casi quieta en un campo de surcos, con la cabeza baja y el peso en los cascos. La fuerza aquí vive en las patas: no es la carga sino el arado, y el tiro lento es la virtud.
· Read this card →Knight of Wands
En el Caballo de Bastos la montura se encabrita en pleno salto en un desierto, con las patas delanteras en el aire. El instante anterior al aterrizaje: a la vez postura de partida y umbral de perder el control. El jinete debe encontrar la dirección dentro de la velocidad.
· Read this card →Otros símbolos cercanos
El Caballo pertenece a la categoría Animal: el bestiario de criaturas que actúan como testigos elementales y morales junto a las figuras humanas. Léelo junto a la serpiente, el león, el lobo, el pez, el ángel y los demás animales recogidos en otras secciones del Atlas del Tarot.
Fuentes más antiguas
El caballo llega a la baraja de 1909 por tres corrientes que confluyen. La primera es platónica. En el Fedro, Sócrates figura el alma como un auriga que conduce dos caballos: uno noble, dispuesto a ser girado por la razón, y otro indómito, que tira hacia el apetito; toda la tarea de la razón es mantener el tiro en una sola dirección. Para el Renacimiento y el resurgir hermético, esta imagen se había leído ya como alegoría moral de cualquier jinete sobre cualquier montura: el caballo es el cuerpo, o la pasión, o el elemento natural, y la tarea humana consiste en seguir siendo auriga en lugar de ser llevado.
La segunda corriente es bíblica. Apocalipsis 6 describe cuatro jinetes que cabalgan caballos blanco, rojo, negro y pálido (chlorós en griego); el cuarto, llamado Muerte y seguido por el Hades, es el jinete que Smith pinta en La Muerte (XIII), atemperado desde un apocalipsis de batalla a un único paso parejo. La tercera corriente es la síntesis de la Aurora Dorada (Golden Dawn) que A.E. Waite incorpora a la baraja. La transcripción posterior de Israel Regardie conserva la enseñanza de la orden según la cual los cuatro Caballos de los arcanos menores son los cuatro caballeros elementales: Bastos, el caballero del fuego sobre un caballo que salta; Copas, el del agua sobre una montura blanca de paso lento; Espadas, el del aire sobre un gris al galope; Oros, el de la tierra sobre un caballo pesado y quieto. Así, el auriga del Fedro queda repartido en cuatro estampas, cada una con un elemento particular aprendiendo a dejarse cabalgar. Cuando Smith pintó al Caballo de Bastos encabritado, al Caballo de Oros inmóvil y al equino parejo bajo La Muerte, cada una de estas capas ya estaba allí, dentro de la silla: la disciplina del alma de Platón, el paso parejo del Apocalipsis y el cuarteto elemental de la Aurora Dorada. El cuarto Caballo, el de Copas, cierra la frase sobre su propia montura blanca, aunque nuestro atlas de pines lo deja para que el lector lo encuentre por sí mismo.


