Lunarcana

· Animal ·

El León

Calor soberano: la fuerza bruta sobre la que una mano puede posarse sin retirarse.

Qué significa el León

A lo largo de la corriente mistérica occidental, el león se lee en tres registros trenzados al mismo tiempo. Es la figura de la soberanía: el león de Judá, el rey de las bestias, la marca de trono cuya sola presencia detrás de una figura sentada ya pronuncia autoridad antes de que se diga una sola palabra. Es la figura de la fuerza: no la fuerza abstracta, sino el fuego con cuerpo, el calor del deseo sin nombre y el coraje necesario para vivir cerca de él. Y es la figura del querubín de fuego: una de las cuatro Criaturas Vivientes cuya vida iconográfica precede al tarot por milenios y cuya firma elemental ancla la baraja simbólica entera.

La Aurora Dorada (Golden Dawn) hereda este esquema querúbico de manera directa: león -> fuego, hombre -> aire, águila -> agua, toro -> tierra. Por eso, en el arcano numerado convencionalmente VIII, el león no es ferocidad genérica sino el cuerpo visible del fuego mismo; y la mujer que le cierra las fauces no está ejecutando dominación, sino esa operación más antigua que Waite nombra con cuidado: la soberanía de la inocencia sobre la fuerza bruta —una mano que puede posarse sobre el calor sin quemarse, porque nada en ella está en guerra con aquello que el calor es.

Cómo aparece el León en la baraja

El león aparece en su forma más plena en el arcano que A.E. Waite numeró VIII, La Fuerza. Pamela Colman Smith pinta a una mujer vestida con un traje coronado de flores que cierra las fauces del gran felino con ambas manos, suave, sin prisa, con la lengua del león todavía visible. Sobre su cabeza flota la lemniscata, el mismo lazo del infinito que comparte con El Mago. Leída junto al prefacio de Waite en el Pictorial Key, la escena no es una contienda sino una continuidad: el mismo fuego que da calor a un cuerpo es el fuego que, cuando se le sale al encuentro sin miedo, consiente en ser caminado al lado.

El león regresa de manera más callada en la Reina de Bastos (la Reina de la carta 13 del palo de Bastos). Su trono está grabado con dos leones encarados hacia fuera —el león rampante heráldico repetido como sigilo— y, a veces, se alcanza a leer un tercer león en los brazos tallados bajo su asiento. Ella sostiene un girasol en una mano y un basto en la otra; a sus pies, un gato negro. Los leones de su trono no son ornamento: son la prueba declarada de su autoridad —el asiento pronuncia su soberanía antes de que ella hable— y el elemento fuego de su palo se vuelve visible en el querubín que su silla porta.

Leídas en conjunto, ambas cartas dejan ver una sola afirmación. En La Fuerza, el león es el calor junto al cual se camina; en la Reina de Bastos, el león es el calor que el propio asiento ya ha integrado. El mismo animal —soberanía y combustión en un solo cuerpo— aparece una vez en primer plano como pregunta (¿puede esto ser recibido?) y otra como hecho consumado (ya fue recibido, y el trono está construido sobre ello).

Cartas que portan al León

Dos cartas de la baraja colocan al León dentro de la escena pintada. Pasa el cursor sobre cualquier pin para ver exactamente dónde se sitúa el símbolo en la imagen.

Strength · El León

Strength

En La Fuerza el león es el cuerpo del fuego en primer plano: melena dorada, lengua lenta, fauces que se cierran bajo una mano sin oponer resistencia. Ella no lo subyuga; camina a lo largo de su espinazo. Lee la lemniscata sobre su cabeza como la misma que porta El Mago: esto es maestría, no victoria.

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Queen of Wands · El León

Queen of Wands

En la Reina de Bastos los leones son heráldicos: dos sigilos encarados hacia fuera en el respaldo de su trono, el querubín de fuego repetido como prueba de que su asiento porta su elemento. Vincúlalo con el girasol que sostiene en la mano: no necesita que los leones rujan; la silla ya lo ha dicho por ella.

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El León pertenece a la categoría Animal: el bestiario de criaturas que actúan como testigos elementales y morales junto a las figuras humanas. Léelo junto a la serpiente, la esfinge y el ángel: el león (fuego) y las otras tres Criaturas Vivientes forman un solo anillo querúbico alrededor de la baraja.

Fuentes más antiguas

La profundidad iconográfica del león precede al tarot por miles de años. En Mesopotamia flanquea la Puerta de Ishtar; en Egipto, Sekhmet, con cabeza de leona, es el fuego solar de la justicia; en la Escritura hebrea, el león de Judá es el sello tribal de la realeza, y Daniel en el foso de los leones (Daniel 6) es la imagen del justo conservado entre las fieras. Los Evangelistas cristianos heredan un fragmento de este tronco cuando a Marcos se le asigna al león como atributo, una de las cuatro Criaturas Vivientes de Ezequiel 1:10 y Apocalipsis 4:7, los querubines cuyas formas se reparten entre sí los cuatro elementos.

La Aurora Dorada (Golden Dawn), a finales del siglo XIX, fijó este esquema querúbico explícitamente sobre el tarot: león = fuego, hombre = aire, águila = agua, toro = tierra. La Fuerza VIII recibió la senda de Teth (ט) y el signo de Leo, anclando al león como el elemento fuego visible de la baraja. En 1904, Aleister Crowley, dictando Liber AL vel Legis, recibió la instrucción de redistribuir los arcanos mayores: el VIII La Fuerza pasó a llamarse XI Lust (la figura de Babalon montando al león), mientras que el VIII se convirtió en Adjustment (la antigua Justicia). Se lea con Waite (una mano en las fauces) o con Crowley (cabalgando su lomo), el león en la baraja no es un animal entre animales, sino el rostro visible de un solo elemento: el fuego como querubín sin el cual la baraja no podría dibujarse.