Lunarcana

· Animal ·

La Serpiente

La de doble naturaleza: conocimiento y veneno comparten un mismo colmillo.

Qué significa la Serpiente

A lo largo de la corriente mistérica occidental, la serpiente se lee como una criatura de dos rostros sostenidos en un solo cuerpo. Es la portadora de la gnosis: aquella que, en Génesis 3, abre el ojo de la mente humana a la diferencia entre esto y aquello; y, al mismo tiempo, es la tentadora venenosa, la figura que vuelve irreversible un saber prohibido. Las lecturas herméticas y gnósticas han insistido siempre en sostener esa dualidad en lugar de disolverla: el mismo animal que muerde es el que muda la piel, el que conoce el inframundo y sobrevive a la superficie, el que sube y el que baja.

La serpiente es, por eso, símbolo de ciclo tanto como de cruce. El Caduceo de Hermes lleva dos serpientes enroscadas en torno a una vara central: el signo médico que llegó hasta la farmacia moderna fue antes un emblema hermético de corrientes polares puestas en equilibrio. El Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola, nombra la eternidad no como ausencia de fin, sino como un circuito cerrado: el punto en que el arco descendente vuelve a entrar en el ascendente. En el tarot, donde aparece la serpiente, casi siempre se carga de esta energía: ese lugar en la carta donde el ciclo se vuelve visible, donde se revela que veneno y medicina son la misma poción medida de otro modo.

Cómo aparece la Serpiente en la baraja

La serpiente asoma apenas dos veces en la baraja Rider-Waite-Smith, y las dos apariciones son precisas. En La Rueda de la Fortuna (X), una serpiente se desliza por el borde izquierdo de la gran rueda: la figura que A.E. Waite identifica, siguiendo las lecciones de la Aurora Dorada (Golden Dawn), con Tifón, la corriente descendente. La acompaña a la derecha Hermanubis, el ascendente con cabeza de chacal, y la corona desde arriba la Esfinge. La imagen no es, pues, una colección aleatoria de animales sino una única afirmación sobre el giro: algo solo desciende porque otra cosa asciende dentro de la misma rotación, y la serpiente es la mitad de la rueda que permite a la rueda ser rueda.

En el Siete de Copas, la serpiente se enrosca dentro de uno de los siete cálices que flotan sobre una figura encapuchada en primer plano, entre una corona de laurel, una cabeza, una forma luminosa cubierta por un velo, una torre, joyas y un dragón. Pamela Colman Smith coloca a la serpiente como una de las seducciones del espejismo, y Waite lee la carta como el retrato de una mente incapaz de elegir porque cada opción es solo medio real. Leídas juntas, ambas apariciones presentan la misma enseñanza desde lados opuestos: en la Rueda, la serpiente es el descenso necesario dentro de un ciclo honesto; en el Siete de Copas, es el brillo venenoso dentro de un racimo de medias promesas. La figura es la misma; lo único que cambia es la disposición a verla con claridad.

Cartas que portan a la Serpiente

Dos cartas de la baraja colocan a la Serpiente dentro de la escena pintada. Pasa el cursor sobre cualquier pin para ver exactamente dónde se sitúa el símbolo en la imagen.

Seven of Cups · La Serpiente

Seven of Cups

The dangerous seductions — mirages are not only sweet; some of them bite.

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Wheel of Fortune · La Serpiente

Wheel of Fortune

En La Rueda de la Fortuna la serpiente ocupa el borde izquierdo descendente, en diálogo con Hermanubis que asciende al otro lado y con la Esfinge firme en la cumbre. Léela junto a las otras dos figuras: aquí el descenso no es pérdida, sino la mitad del ciclo que vuelve posible el regreso.

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La Serpiente pertenece a la categoría Animal: el bestiario de criaturas que actúan como testigos morales y elementales junto a las figuras humanas. Léela junto al león, el toro, el águila, el querubín y los demás animales que vigilan las cartas desde un costado o desde arriba de la acción.

Fuentes más antiguas

La profundidad iconográfica de la serpiente precede al tarot por miles de años y atraviesa todas las culturas de las que la baraja se nutre. En Mesopotamia, la serpiente guarda la hierba de la inmortalidad y se la arrebata a Gilgamesh; en Génesis 3 pronuncia las palabras que abren la historia moral humana; en Egipto, la cobra Wadjet se yergue sobre la frente del faraón, y Apofis es la serpiente del inframundo que la barca solar debe atravesar cada noche. El griego Asclepio porta una sola serpiente enroscada en su vara, emblema que sobrevive en el caduceo médico moderno; Hermes porta una doble, dos serpientes enrolladas en direcciones opuestas alrededor de un báculo alado, símbolo de corrientes polares llevadas al equilibrio.

Las tradiciones hermética y alquímica heredadas por la Aurora Dorada (Golden Dawn) tomaron el Ouroboros —la serpiente que se muerde la cola— como imagen del eterno retorno: un circuito cerrado en el que descenso y ascenso no son sino la misma línea leída en direcciones opuestas. Cuando A.E. Waite encarga la baraja de 1909, la serpiente ya podía leerse, dentro de su contexto hermético, tanto como Tifón (la corriente descendente y destructiva de la Rueda) como ese maestro gnóstico cuya mordida es a la vez medicina. Las dos pinturas de Pamela Colman Smith son floraciones particulares de un tallo que corre, sin interrumpirse, desde Eridu hasta su estudio en Londres.