Lo que significa el Sol
En el vocabulario iconográfico de la corriente mistérica occidental, el Sol es la figura de la luz consciente. No es sólo el cuerpo solar del cielo, sino toda la facultad de la atención despierta: el yo en su forma más noble, el ser que ha salido a campo abierto y acepta ser visto. Donde la Luna gobierna el reflejo, la intuición y lo apenas dicho, el Sol es palabra directa: claridad, vitalidad, el calor que madura lo que ya había sido plantado en la sombra.
Las lecturas Herméticas que van del Picatrix renacentista hasta la Aurora Dorada (Golden Dawn) sitúan al Sol en el centro-corazón del Árbol de la Vida: la sephirah Tiphareth, la belleza entendida como ese punto armonizado por el que se encuentran lo de arriba y lo de abajo. En el tarot, por tanto, el Sol carga un doble peso: es la luz diurna bajo la cual el crecimiento se vuelve visible, y es a la vez el arquetipo del yo integrado, aquel que puede ser mirado sin apartar la mirada.
Cómo aparece el Sol en la baraja
El Sol está más plenamente presente en el triunfo que lleva su nombre, XIX El Sol, donde Pamela Colman Smith lo pinta como un gran rostro de muchos rayos suspendido sobre un jardín amurallado: girasoles vueltos hacia arriba, un niño desnudo cabalgando un caballo blanco bajo un estandarte. A.E. Waite, en The Pictorial Key, presenta esta escena como el alma que ha salido al fin de la oscuridad hacia una alegría llana y sin disfraz.
El mismo cuerpo regresa, más en voz baja, en otras cartas. Detrás de El Loco se eleva apenas sobre el cielo: la aurora hacia la cual el caminante da su primer paso, a la vez testigo y garante de un retorno. En La Muerte se posa entre dos torres lejanas sobre la línea del horizonte: un sol poniente que es a la vez sol naciente, prueba pictórica de que la puerta funciona en ambas direcciones. Leídas en conjunto, las tres cartas resuelven el símbolo en un solo enunciado: el Sol marca los instantes en que la vida consiente ser iluminada —ya sea en el umbral, en el final, o en la plenitud de la llegada.
Cartas que portan el Sol
Tres cartas en la baraja sitúan al Sol dentro de la escena pintada. Pasa el cursor sobre cualquier pin para ver con exactitud dónde queda el símbolo dentro de la imagen.
The Fool
En El Loco el sol queda bajo y detrás, iluminando el primer paso del caminante sin exigir ser mirado: testigo paciente, no destino.
· Read this card →Death
En La Muerte el sol queda reducido a un pequeño disco enhebrado entre dos torres: iluminación en el umbral exacto donde una forma termina y otra se levanta por la misma puerta.
· Read this card →The Sun
En el triunfo de El Sol el sol es todo el cielo: ojos abiertos, rayos que alternan entre rectos y ondulantes —corriente masculina y femenina—, la luz diurna bajo la cual un yo puede finalmente estar desnudo.
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El Sol pertenece a la categoría Paisaje: los rasgos lentos del cielo, la tierra y el agua que enmarcan la figura humana. Léelos junto a él.
Fuentes más antiguas
Waite no inventó la imaginería solar que encargó. El Shamash babilonio, el Ra egipcio y el disco de Atón, el Helios helenístico conduciendo el cuadrigato de cuatro caballos: todos pertenecen a un linaje largo en el que el sol visible se lee como el rostro visible del orden consciente. El Picatrix, el manual Hermético latino que llegó a Europa en el siglo XIII, enumera al Sol entre los siete planetas que rigen la atribución mágica; a fines del siglo XIX la Aurora Dorada hereda ese esquema y fija al Sol en el sendero de Resh sobre el Árbol de la Vida, y en la sephirah Tiphareth que ocupa el corazón del Árbol. El niño pintado, los girasoles y el jardín amurallado de Smith son su aporte propio: una imagen inglesa de 1909 alzada sobre un cimiento de cuatro milenios de profundidad.


