Hice la misma pregunta cinco veces. Tardé en darme cuenta de que solo quería oírme decir, por una vez: hazlo.

Si tuviera que decir cuándo empezó la historia de Lunarcana, creo que habría que remontarse al año pasado, cuando empecé a interesarme por la metafísica. En esa época me fui acercando a sistemas muy distintos: primero a los tradicionales chinos, como el Bazi (los Cuatro Pilares), el Zi Wei Dou Shu, el Liu Yao y el Da Liu Ren, y más adelante, poco a poco, al tarot occidental1. Les dediqué mucho tiempo a conocerlos y estudiarlos, y también intenté servirme de ellos para entender algunas cosas que me estaban pasando.

Lo curioso es que, por mucho que me interesaran estas tradiciones, nunca he creído que puedan darnos certezas sobre el futuro. El futuro siempre está lleno de incertidumbre, y no creo que nuestra vida deba quedar por completo en manos de ninguna predicción.

Aun así, tengo que reconocer que a veces sí aportan algo muy particular. Quizá no una respuesta exacta, pero sí ánimo, un sostén emocional, o incluso el empujón que te hace lanzarte a algo. Y Lunarcana nació, precisamente, de un empujón así.

En los once capítulos de este texto se esconden las ocho imágenes de la carta del Loco. Cuando te cruces con ellas, puedes volver a mirar la carta de arriba.

Capítulo 1

Un comienzo un poco raro

Motivo I: El sol — A su espalda, el sol ha salido solo a medias: todo está todavía en el punto de partida.

Antes de decidirme de verdad a crear Lunarcana, hice algo que todavía hoy, cuando lo recuerdo, me da un poco de risa: se lo pregunté a casi todos los sistemas que conocía. Al Liu Yao, al Bazi, al Zi Wei Dou Shu, al Da Liu Ren y, por supuesto, al tarot. A todos les hice la misma pregunta:

Liu YaoBaziZi WeiLiu RenTarot
¿Debería hacer Lunarcana, o no?

Lo que me sorprendió fue lo mucho que se parecían las respuestas: todas se leían como un empujoncito suave. Si soy sincero, a día de hoy sigo sin saber cuánto hay de cierto en ellas. Prefiero verlo así: el simple hecho de preguntar una y otra vez ya demostraba que, en el fondo, yo quería hacerlo. Lo único que hicieron fue repetirme lo que yo ya tenía ganas de decirme.

Pero lo cierto es que me dieron un impulso muy especial. Cada vez que dudaba, o que empezaba a preguntarme si tenía sentido seguir, a veces me acordaba de aquellas lecturas: ¿y si de verdad valía la pena intentarlo?

Mirándolo ahora, creo que eso es lo más interesante de todo. Quizá no te diga cómo será el futuro, pero puede darte el valor para echar a andar hacia alguno. Y Lunarcana fue el paso que yo di.

Capítulo 2

Un ingeniero que quería hacer algo que no se le daba muy bien

Motivo II: El hatillo — El hatillo que cuelga del extremo de la vara es pequeño, tan pequeño que casi no cabe nada.

Antes de Lunarcana, nunca había desarrollado ni sacado adelante yo solo un producto para usuarios. Soy programador; para ser más exacto, un ingeniero que lleva años trabajando en backend e infraestructura. En la parte técnica tengo cierta experiencia, pero en diseño de producto, y sobre todo en estética, empezaba prácticamente de cero.

Y justo la estética era lo que más quería cuidar en Lunarcana.

La técnica suele ser racional: si un problema está resuelto, si un código es correcto, si un sistema es estable, casi siempre hay un criterio bastante claro para saberlo. La estética no. Es difícil explicar con una fórmula por qué una imagen resulta agradable, por qué un color transmite calma o por qué una interacción mínima hace que alguien quiera quedarse un rato más.

Quería que no fuera solo una página web con todas sus funciones, sino un sitio que diera gusto mirar, que invitara a recorrerlo sin prisa e incluso a volver una y otra vez. A veces se trata de una animación diminuta; otras, de cómo aparece un componente o del ritmo con que se da la vuelta una carta. Pero lo ajusto una y otra vez, hasta que se ve lo bastante natural, hasta que transmite justo la sensación que busco.

Capítulo 3

¿Por qué me importa tanto la estética?

Motivo III: La túnica — Su túnica lleva bordadas, una junto a otra, flores redondas hechas con mucho cuidado.

Porque desde el principio nunca quise que Lunarcana fuera una herramienta para predecir el futuro. Más que decirle a la gente qué le espera, quería que la ayudara a entender lo que está viviendo ahora, que le diera un poco de alivio y, ojalá, hasta un pequeño consuelo.

Y siempre he creído que una buena estética tiene, por sí sola, ese poder. Cuando entras en un sitio web y ves colores que armonizan, imágenes suaves y detalles pensados con cuidado, es posible que, sin haber usado todavía ninguna función, tu ánimo ya haya cambiado un poco. Tal vez solo te sientas a gusto, tal vez bajes el ritmo sin darte cuenta, o tal vez esa irritación con la que llegaste se calme por un momento.

Cuando alguien entra aquí, no quiero que sea como usar una herramienta cualquiera: escribir la pregunta, hacer clic en un botón y llevarse una respuesta al instante. Quiero que todo vaya un poco más despacio, que sea más natural y que valga más la pena vivirlo.

Hoy parece que todo lo hacemos persiguiendo la velocidad: informarnos más rápido, resolver los problemas más rápido, terminar el trabajo más rápido. Incluso cuando queremos distraernos o descansar, tenemos la costumbre de seguir deslizando el dedo por la pantalla. Y la llegada de la IA ha acelerado todavía más ese ritmo.

Eso, claro, tiene mucho de bueno. Pero a veces me pregunto si no hemos perdido las ganas de vivir algo con calma y con atención. Sobre todo cuando se trata de nuestras propias emociones. Cuando algo nos confunde o nos angustia, o no sabemos qué decidir, ¿de verdad necesitamos una respuesta en el acto? ¿O nos hace más falta un poco de tiempo para entender por qué nos sentimos así?

Aquí me gustaría que sacaras una carta sin prisa, que le dieras la vuelta despacio, que miraras con atención lo que tiene dibujado y que solo después leyeras su interpretación, también despacio. Si te surge una duda, no hay ningún apuro: puedes seguir preguntando, seguir pensando. Incluso puedes olvidarte un rato de eso de ser eficiente.

A veces lo que necesitamos no es una respuesta más rápida, sino una razón para ir más despacio.

Si Lunarcana consigue ser un sitio así, sentiré que todo esto ha tenido sentido.

Capítulo 5

¿Por qué el tarot y no el Liu Yao?

Motivo V: El rostro alzado — Lleva la cara levantada: mira al cielo, no a sus pies.

Al fin y al cabo, lo primero que conocí fueron los sistemas tradicionales chinos, y todavía hoy me interesan muchísimo. El Liu Yao, en particular, tiene bastante en común con el tarot: los dos pueden girar en torno a una pregunta concreta y ayudan a comprenderla y analizarla a través de un conjunto de símbolos. Entonces, ¿por qué acabé eligiendo el tarot para empezar? Por una razón de peso: el tarot tiene una expresión visual mucho más rica.

En el Liu Yao, lo que vemos son sobre todo líneas yin y yang, hexagramas, troncos y ramas, y las relaciones entre todo tipo de símbolos. Detrás hay un sistema complejo y fascinante, pero para quien no lo conoce, a simple vista no resulta tan intuitivo. Con el tarot es distinto. Cada carta es, en sí misma, un cuadro2: tiene su composición, sus colores, sus personajes, su escenario y un montón de detalles que vale la pena observar.

Al mirar una carta, puede que lo primero que notes sea la expresión de un personaje, o un trozo de cielo, un camino, o algún detalle sin importancia aparente. ¿Por qué nos fijamos justo en ese detalle? ¿Por qué la misma carta despierta sensaciones tan distintas en cada persona? En cierto modo, es como observarse a uno mismo: lo que nos llama la atención dice a veces algo de cómo nos sentimos, de lo que hemos vivido y de lo que nos ocupa en este momento.

Así que al final elegí el tarot. No porque me parezca más acertado, ni porque sirva mejor para predecir el futuro, sino porque, para la experiencia que quería crear, su lenguaje visual encajaba mejor.

Capítulo 6

¿Qué quiero que sea Lunarcana?

Motivo VI: La rosa — Lleva una rosa en la mano y no la ha soltado en todo el camino.

Durante el desarrollo he tenido siempre dos rumbos muy claros. El primero, que Lunarcana sea un lugar donde aprender tarot que de verdad valga la pena: desde el significado de cada carta hasta las distintas tiradas, pasando por las formas de interpretarlas y los saberes que las rodean. Que quien se acerca al tarot por primera vez pueda ir construyendo aquí su propia comprensión, y que quien ya sabe algo pueda seguir explorando lo que le interese.

El segundo es el que más me importa: quiero que Lunarcana sea un lugar que ayude a explorar lo que uno lleva dentro. No quiero que la IA se limite a generar una interpretación (escribes la pregunta, sacas las cartas, sale una respuesta y se acabó). Prefiero que piense contigo: que te ayude a ordenar las ideas cuando todo se te enreda; a encontrar, poco a poco, tus propias palabras cuando no sabes cómo decir algo; y, ante una elección, que no decida por ti, sino que te ayude a entender qué es lo que de verdad te importa.

Creemos que buscamos respuestas sobre el futuro. Pero muchas veces lo que buscamos es entendernos en el presente. Cuando no sepas por dónde ir, puedes venir a sentarte aquí un rato; cuando tengas un buen día, también puedes venir a dejarlo anotado. Me gustaría que, al final, recordaras Lunarcana porque en algún momento sentiste que alguien te entendía.

Contado así, parece que todo era ideal: un rumbo que me gustaba, una idea de producto clara y ganas de dedicarle tiempo para seguir puliéndolo. Pero cuando de verdad te pones a desarrollar un producto y a sacarlo adelante, poco a poco te das cuenta de algo:

lo que sé hacer bien
un buen producto
lo que no sé hacer
un producto que se venda

son, en realidad, dos cosas distintas.

Puedo pasar mucho tiempo puliendo el diseño, afinando las interacciones y completando funciones. Pero cuando todo eso está hecho, aparece una pregunta muy concreta: ¿quién va a usarlo? Sé construir un sitio web, pero no sé cómo hacer que más gente lo encuentre. Tampoco quería gastar desde el principio mucho dinero en publicidad; prefería que Lunarcana fuera ganando visitas por sí sola, poco a poco, gracias al posicionamiento en buscadores, al contenido y a la propia experiencia del producto. Pero ese camino resultó mucho menos fácil de lo que imaginaba.

Los tres primeros meses, el sitio casi no tuvo tráfico. Cada día le dedicaba mucha energía a mejorar el producto y apenas veía respuesta alguna. Poca gente entraba, poca se registraba y, de pagar, ni hablar. A veces llegaba a preguntarme si estaba haciendo algo que nadie necesitaba. Que a mí me parezca bueno y que otros quieran usarlo son cosas muy distintas; y aunque a alguien le parezca bien, eso no significa que esté dispuesto a pagar por ello.

En esa época pensé muchas veces, de verdad, en tirar la toalla. ¿Por qué seguía? ¿Porque creía de verdad en el producto, o porque ya le había dedicado tanto tiempo y tanto esfuerzo que no me resignaba a dejarlo así? Seguramente, un poco de las dos cosas. Solo que esa constancia no era tan firme como uno se imagina. La mayoría de las veces consistía en dudar y seguir a la vez: pensar si no debería abandonar y, al mismo tiempo, no poder evitar ponerme a retocar el siguiente detalle.

Visto ahora, creo que ese es un estado muy real cuando desarrollas algo por tu cuenta: no todos los días te sobra el entusiasmo, ni cada esfuerzo tiene su recompensa enseguida. Muchas veces simplemente sigues haciendo, sin tener respuestas, lo que crees que vale la pena hacer.

Capítulo 8

Quiero que sea un buen producto, y también que sea rentable

Nunca he pensado que hacer un producto que te gusta esté reñido con pensar en ganar dinero. Si un producto solo puede sostenerse a base del entusiasmo de quien lo desarrolla, es difícil que dure mucho. Quiero que Lunarcana sea rentable, no para sacarle todo el dinero posible, sino porque quiero que exista durante mucho tiempo y que haya recursos suficientes para seguir mejorándola y completándola.

Claro que aquí hay una contradicción. Un producto comercial suele obligarte a pensar todo el rato en conversiones y en cómo cobrar, y algunas de esas fórmulas pueden estropear justo la experiencia que yo quería crear: avisos de pago demasiado frecuentes, por ejemplo, o generar a propósito cierta ansiedad para empujar a la gente a suscribirse. Nada de eso es lo que quiero. Si hace falta, estoy dispuesto a renunciar a parte del margen por la experiencia, porque para mí una buena experiencia de producto es siempre una línea que no se cruza.

Capítulo 9

La primera persona que pagó por Lunarcana

Motivo VIII: El perro — Un perrito blanco salta junto a sus piernas. En este camino no va solo.

De todo el proceso de crear Lunarcana, hay un momento que creo que recordaré durante mucho tiempo: el primer día que activé los pagos, llegó la primera persona dispuesta de verdad a pagar por ella. Me alegré muchísimo; casi no me lo podía creer. Alguien a quien no conocía de nada, que quizá vive muy lejos de donde estoy yo, a quien nunca he visto y a quien probablemente nunca llegue a conocer, me dio, con una suscripción, un ánimo muy especial.

Esa sensación no tiene nada que ver con terminar una función técnica o resolver un problema complicado. Resulta que sí había alguien dispuesto a pagar por algo hecho por mí; resulta que ese producto, en el que llevaba tanto tiempo poniendo tanto cuidado, sí podía tener valor para alguien. Sé que un pago no demuestra que un producto haya triunfado; desde el punto de vista del negocio, quizá sea solo un comienzo diminuto. Pero para mí significó mucho más que el dinero en sí.

Para esa persona

Si algún día llegas a leer esto, quiero que sepas que fuiste la primera persona que apoyó Lunarcana pagando, en el sentido más pleno de la palabra. Y que fue ese apoyo lo que le devolvió las ganas de seguir adelante a un desarrollador independiente que había dudado de sí mismo una y otra vez, y que incluso había pensado en abandonar.

Todavía hoy, cada vez que veo que alguien nuevo se registra, o que cada vez más gente usa Lunarcana, me alegro muchísimo. Quizá no sean grandes números, y Lunarcana está muy lejos de ser un producto de éxito. Pero, al menos, ya no es solo un montón de código en mi disco duro. Hay gente que la usa de verdad, y poco a poco empieza a tener vida propia.

Capítulo 10

Lunarcana, quizá, también ha sido mi manera de conocerme

Al principio, por interés en la metafísica, llegué al tarot; después intenté encontrar en todos esos sistemas la respuesta a si debía o no crear este producto. Y ahora, ya metido de lleno en el desarrollo de Lunarcana, después de tantas dudas, tantos titubeos y tanto empeño, de pronto me doy cuenta de que el propio proceso se ha convertido en un viaje para conocerme.

Descubrí que la estética me importa mucho más de lo que creía, y que disfruto construyendo un producto completo. Al mismo tiempo, vi con claridad lo que no se me da bien: darlo a conocer, la parte comercial y cómo sostener algo que durante mucho tiempo no da resultados claros. Hacer un producto no es solo crear una herramienta; también te obliga, una y otra vez, a mirarte de frente: a tus expectativas, a tus límites, e incluso a preguntas que nunca antes te habías planteado en serio.

Quiero que la gente pueda explorar su interior a través del tarot. Y resulta que ha sido construyendo esta plataforma como yo, poco a poco, me he visto reflejado en ella.

La carta de este número

Todo lo que has ido leyendo está en esta carta

  1. El solCapítulo 1
  2. El hatilloCapítulo 2
  3. La túnicaCapítulo 3
  4. Las montañasCapítulo 4
  5. El rostro alzadoCapítulo 5
  6. La rosaCapítulo 6
  7. El borde del acantiladoCapítulo 7
  8. El perroCapítulo 9

Si tuviera que elegir una carta para acompañar este texto, sería el Loco. En los arcanos mayores lleva el número 0: el de antes de empezar a contar.

Mirándolo ahora, me parezco bastante al joven de la carta. El hatillo que lleva al hombro es pequeño, y yo también salí con poco: solo sabía programar, no entendía de diseño y menos aún de cómo darme a conocer. Su siguiente paso está a punto de caer fuera del acantilado, y lo que hay abajo la carta no nos lo cuenta, igual que en aquellos tres meses yo no sabía si alguien llegaría. A sus pies salta un perrito; hay quien lo lee como una advertencia y hay quien lo lee como compañía; para mí se parece a esos días de dudar y seguir a la vez. Y en la mano lleva una flor: lo que trajo consigo desde el principio, lo que de verdad le importa.

Antes pensaba que esta carta hablaba de la inocencia. Ahora prefiero leerla así: no es que no sepa que hay riesgo, es que no ha dejado que el «todavía no lo sé» decida por él.

Leer el significado completo de El Loco →
Capítulo 11

Para terminar

Todavía hoy no sé hacia dónde irá Lunarcana. Puede que crezca poco a poco y que la conozca más gente; puede que siga siendo siempre un producto de nicho. Pero, al menos ahora mismo, sigo queriendo hacerlo bien. Tenga las funciones que tenga el día de mañana, espero no olvidar por qué empecé.

No quiero que la gente recuerde Lunarcana solo por ser una plataforma de lecturas de tarot con IA. Prefiero que de verdad le guste: que le gusten sus imágenes, su ritmo, sacar una carta sin prisa e ir descubriendo poco a poco lo que le hace sentir.

Quizá algún día, cuando algo te dé vueltas en la cabeza, te acuerdes de venir a sentarte aquí un rato. No necesariamente para llevarte una respuesta segura; solo para darte un poco de tiempo, ordenar lo que sientes, entenderte, y volver luego a tu vida con el ánimo algo más sereno.

Si tú también tienes algo que siempre has querido hacer y nunca has empezado (un proyecto, una afición o un pequeño deseo que llevas mucho tiempo guardando), ojalá encuentres tu propio empujón. No hace falta esperar a tenerlo todo listo, ni tener plena certeza sobre el futuro. Como me pasó a mí: no sabía si Lunarcana saldría bien, y todavía hoy no puedo asegurarlo. Pero sin aquella decisión, no estaría viviendo nada de esto.

Quizá no necesitamos saber cómo será el futuro para atrevernos a empezar.

Es al empezar cuando, poco a poco, aparecen más posibilidades.

Eso es, quizá, lo más valioso que me ha dejado este encuentro con Lunarcana. Gracias a todas las personas que alguna vez la han visitado, se han registrado, la han usado o la han apoyado, y en especial a esa persona desconocida que, el mismo día en que se activaron los pagos, quiso ser la primera en suscribirse. Gracias por darle a este camino una razón para seguir adelante.

La historia de Lunarcana no ha hecho más que empezar. Y yo también tengo curiosidad por saber adónde me llevará.

Lunaris
Escrito en octubre de 2026
Una pregunta para ti

¿Hay algo que llevas mucho tiempo dejando para «cuando lo tenga todo listo»?